jueves, 1 de julio de 2010

NARRADORA ATERRADA

Se despertó sobresaltado. Abrió un ojo, mientras frotaba el otro con auténtica fruición, aunque desde mi trinchera de narradora, que se limita a observar con esmero, para después poder contar con la mayor precisión, creo que el gesto encerraba auténtica saña. Como si deseara alejar una pesadilla.
Tenía que ser muy temprano porque no entraba ninguna claridad a través de la persiana de su cuarto. Extendío su brazo derecho y palpó el lado opuesto de la cama para encontrarse con un espacio vacío, de sábanas ásperas y arrugadas.
¿Por qué había hecho tal cosa?, se preguntó. Volvió a restregarse con fuerza los ojos y respiró profundamente mientras estiraba todos los músculos.
Poco a poco comenzaron a llegarle imágenes, empezando por aquella joven del bar, Silvia creía recordar que se llamaba. La había invitado a dormir en su casa que estaba cerca, con la feliz ocurrencia de que se habían pasado con la bebida y que mejor sería no conducir. El bus les dejaría en la puerta y mañana, con el recorrido a la inversa, volverían a recoger los coches.
Ahí estaba la explicación de su primer impulso para tantear el otro lado de la cama, ella tendría que estar allí.
- ¿Dónde se habrá metido esta chica?, casi gritó.
Se rascó la cabeza mientras las imágenes iban asomando muy despacio. Sonrió pensando que, por lo torpe que estaba, tenía que haberse pasado con alguna otra sustancia, además del alcohol.
Sin embargo, de  pronto, su gesto cambió al recordar los inútiles intentos para tener sexo con ella. Molesto, incómodo y ya al borde de la furia, comenzó a buscar el interruptor de la luz.
Cuando el pequeño cuarto recuperó relieves, muebles y paredes, el espectáculo que presenció era dantesco. Había sangre por todas partes y sobre la alfombra, yacía un cuerpo de mujer desnudo.
Miró sus manos sucias de sangre seca, pensando que su socipatía (su TPA, como en la intimidad le llamaba desde que había sabído que así se conocía entre los profesionales) se había agravado. Parecía que, efectivamente, el médico tenía razón. El haber suspendido el tratamiento tenía consecuencias y, como en este caso, parecía que irreparables.
Mientras una sonrisa sardónica revestía su rostro con un toque de crueldad, pensó que ¿quienes eran los demás para cuestionar su proceder, obligándole a medicarse?. De todas maneras, era un buen momento para buscar una nueva ciudad. No sería la primera vez y, hasta ahora, satisfactoriamente.
Yo, tímidamente me estremecí aterrada, y maldije el obligado silencio al que estamos sometidos todos los narradores. So pena de perder nuestro empleo,  tenemos prohibido denunciar o intervenir  para cambiar la acción o intentar modificarla. Así con cualquier crimen que la suerte nos haya impuesto presenciar. Somos testigos de lo que sucede y nuestra salvación quizá radique en que, como lo contamos, la próxima vez los personajes, pueden estar advertidos.

17 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Me enganchó la narradora. Y me aterró la frialdad del asesino.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Una historia de misterio que no he entendido muy bien.

Per me ha gustado tu manera de relatarla

Besos, Montserrat

Caminante dijo...

Si esto fuera cine sería del llamado "negro" una historia que te engancha desde el principio al final y en la que también el lector acaba maldiciendo por que el sociopata se salga con la suya. ¿Cómo va esa boquita?

Froiliuba dijo...

Me gusta esa posición de narradora, es lo que mas me gusta de la historia, ese mirar y reflexionar.

hay tanto zumbao....

aplausos guapa.

Marisa dijo...

La narradora que no
puede intervenir para
que no se cometa el crimen
tiene motivos para estar
aterrada.

Muy bueno.

Eres una magnífica narradora.

Besos

Aldabra dijo...

es un relato muy bueno, Fonsidella, incluída la voz narradora, que remarca la impotencia que sufre el lector al leer el relato.

me ha encantado.

biquiños,

Higorca Gomez Carrasco dijo...

Muy negro el relato, pero también narrado que el suspense esta en todo el, una reflexión que deberíamos tener en cuenta.
Un abrazo

Raposo dijo...

Moi bo relato; miña nai sempre dí que non se debe ir un con descoñecidos.
Apertas.

Alís dijo...

Muy, muy buen relato. Me gustó la narradora, como un personaje más, limitada por su imposibilidad de participar o modificar la historia. Porque es verdad, el narrador sólo cuenta, la historia vive por sí sola.
Te felicito

Besos

guillermo elt dijo...

Gracias por tu interés.

Pues no terminamos de alear.

Tal vez, la mejor referencia es mi último post.


Por las noches mejor... Por el día... Puaj!!! :))

Besicos.

un completo gilipollas dijo...

"halcones de la noche"
No puedo dejar de mirar ese cuadro desde hace años...
Siempre suyo
Un completo gilipollas

Angel dijo...

La visión, mas que la revisón de los hechos consuela mucho, digo yo.
feliz verano, Fonsi

Merce dijo...

Muchas gracias por la visita y comentario. Estoy descubriendo gracias a ello nuevas letras que no dejan de sorprender.

Tienes un magnifico espacio aqui creado.

Apertas :)

AROBOS dijo...

Magnífico el relato y original la posición de la narradora. Me ha recordado lo que le ocurrió a Unamuno cuando uno de los personajes de una de sus novelas, se le rebeló y le protestó al narrador por inmiscuirse en su vida. Así que mejor permanecer en el sitio de narrador sin entrometerse en la vida de los personajes. Haces bien. Un saludo.

Balteu dijo...

Hola paisana, te has pasado a la novela negra? Muy buen relato aterrada narradora.

Bicos

Manuel L. Rodrigues dijo...

Moi boas Fon!! Imposíbel!! ...e mira que lle dín voltas... Esta fin de semana puden falar co rapáz en cuestión... Non che sei como se traduce, mais el recoméndache o diccionario Xerais (o novo).

Unha forte aperta!

Angel dijo...

Con permiso, ¿comenzamos la temporada?
Besos desde el Sur