miércoles, 11 de noviembre de 2009

¿POR QUÉ?

Imagen: "Dos mujeres en el bosque" de Ernst Ludwig Kirchner.




El otoño avanzaba y ella amaba esa estación, sin embargo su mirada vagaba de un lugar a otro llena de abatimiento y tristeza. Caminando, había llegado al amado parque y bien sabía que no era un simple paseo. Sus pasos comedidos y atentos, tenían un significado especial para ella en ese día. Estaba allí para despedirse.
Todo estaba precioso, con este tono nostálgico y melancólico que frecuentemente tienen los días otoñales. Cuadraba con su estado de ánimo.
Un hombre joven escuchaba en un banco cercano una radio. Qué bien acompañaban el momento y sus caminares esas notas tañidas por un chelo. Conocía la composición, pronto se le uniría el resto de la orquesta y el coro; se trataba de un Benedictus que ella escuchaba con frecuencia, quizá porque empezaba así, con las dulces notas de un violonchelo en soledad. Pensó en acercarse y comentar con el joven la coincidencia en gustos, pero no se atrevió. Su timidez se hizo patente, pero muy especialmente por los momentos que estaba atravesando.
Ahora ya siempre caminaba sola, porque sola estaba y así vivía. Hacía algún tiempo que aquella ciudad, sus gentes, conocidos y amigos, incluso algún familiar, le habían vuelto la espalda.
Su vida ahora estaba marcada, aunque parecía que ya había terminado todo. Poco a poco los rumores y noticias se habían aquietado, pero ¿cómo había sucedido?
Los recuerdos, un poco atropellados al principio, buscaron lugar en su mirada e impulsados por el plácido ambiente, cargado de dulce melancolía, comenzaron a aflorar.
Se había enamorado. Un día en un centro comercial, en unas rebajas, había visto un jersey que le gustaba, lo había desdoblado y cuando miraba el remate que cerraba el puño de una de sus mangas, alguien por la otra manga dio un leve tirón. Sus miradas se encontraron. Era una hermosa mujer algo mayor que ella, pero de mirada serena, limpia y eterna. Sonrieron y ambas quisieron dejar a la otra la posesión de la prenda. Primero fue una discusión agradecida, luego, un café y tras todas la conversaciones y las miradas, un roce de manos totalmente fortuito y el vello y la piel respondieron.
Nuestra joven había tenido un par de relaciones heterosexuales y serias que, finalmente se habían deshecho. La primera había sido por la distancia que les separaba, la otra, porque ambos se habían dado cuenta de que era menos lo que compartían que lo que les unía.
Por su profesión, había pasado media vida rodeada de mujeres y jamás había sentido lo que en ese momento. No lo entendió entonces, ahora tampoco lo comprendía.
Aquel encuentro se tradujo en un cambio de teléfonos y en un par de cafés más. Las sensibilidades se complementaban, los intereses era los mismos, sus gustos coincidían y un día, ni recordaba cómo, se encontraron en su pequeño piso y se descubrieron físicamente. La intimidad, la música y la cercanía en el sofá, actuaron como resortes.
Su nueva amiga había tenido en su adolescencia un único encuentro con una mujer, pero ahora estaba felizmente casada con un militar de rango y tenía 3 hijos.
Para ella sería la primera experiencia.
Sin embargo, se enamoraron profundamente y ambas comenzaron a depender de sus encuentros, cada día más. La frecuencia también aumentaba, a medida que el acercamiento era más intenso y apasionado, de tal manera que toda su vida se vio afectada.
Transcurrieron más de seis meses de ocultaciones y disimulos, de disculpas y engaños. Mientras, su relación les aportaba un amplio y hondo estado de felicidad. Se decían “el cielo tiene que ser como esto”. Cuando estaban juntas, no se cuestionaban sus otras vidas, como si no existieran. Vivían los momentos, cada vez más duraderos, con total dedicación.
Pero aquel día, en el café de las afueras, al que iban a veces porque pensaban que no era de los frecuentados por “sus gentes”, irrumpió un ruidoso y nutrido grupo de gente.
Ni los miraron, no les interesaba lo que celebraban. No se dieron cuenta por tanto, de que entre ellos había unos ojos que no se apartaban de su mesa, de sus recíprocas miradas y de sus manos unidas sobre la mesa. La actitud de ellas era, sin duda, manifiestamente clara.
Fue en el momento de pagar e irse, cuando descubrieron a un hombre, cuyos expectantes ojos estaban pendientes de ellas. La asombrada y mordaz mirada, indicaba claramente toda la prevención, rechazo y pasmo que su propietario sentía. Incluso, se dejaba sentir un leve aturdimiento
Una semana más tarde, primero la radio, luego los diarios y las noticias en televisión, daban cuenta del fallecimiento de una dama, a manos de su marido Coronel de Infantería. A continuación, él mismo se había se había entregado en el Destacamento al que pertenecía.
Todo se precipitó y no hubo periódico ni revista, radio ni televisión, que no hiciera mención al suceso, con toda clase de opiniones de conocidos, vecinos o familiares de una u otra. Sus imágenes se hicieron conocidas y populares en la ciudad.
Tuvo que dejar el colegio, sus amigos no comprendieron, sus familiares locales, no quisieron comprometerse, el rechazo la persiguió con encono. Mientras, inexplicablemente, el militar gozaba de amplias simpatías.
El paisaje tan amado por ambas, estaba siendo testigo de su despedida. Por eso estaba en ese parque. Por eso volvería a sentarse en la mesa del café, ante aquel ventanal que dejaba ver su mar. Y en cada átomo de espacio compartido en algún momento de su relación, una lágrima quedaría congelada.
Buscaría otro país, otra forma de vida y un olvido que sabía que no iba a encontrar.
Entretanto, eternamente continuaría preguntándose: ¿por qué?.

9 comentarios:

Paco Alonso dijo...

Excelente relato..todo un placer visitar tu espacio.

Cálido abrazo

Marisa dijo...

Un tremendo relato
que por desgracia
nos cuenta que también
en el amor hay
muros difíciles de
franquear.

Besos.

Aldabra dijo...

¡que relato tan profundo, fonsilleda!

está muy bien escrito y trata un tema un poco peliagudo para una parte de la sociedad.

con lo facil que es ¡vivir y dejar vivir! seas, homo o hetereo ¿qué más da?

biquiños,

p.d.: precioso, en serio.

Zoe dijo...

Vivimos aún en una sociedad demasiado hipócrita como para que este relato ficticio no pueda ser del todo real...Al parecer es como si sólo existiera una clase de pareja , una clase de relación , una clase de familia.Cuando sólo debería importarnos la alegría en la gente que queremos y dejar vivir a quien no conocemos...me enganchó queridiña desde el principio hasta el final, hiciste mi desayuno interesante y mi despertar grato y brillante...

bicossss

Raposo dijo...

Por desgracia a sociedade na que vivimos segue sendo pouco permisiva e moi hipócrita.
Gustei do relato.Parabens.

RECOMENZAR dijo...

tu blog tiene la magia de los encuentros

Albino dijo...

Un hermoso relato escrito sin concesiones, pero con una sensibilidad exquisita.
Son casos que suceden, que aparecen en los periodicos todos los dias y que, lamentablemente, en muchos de ellos el final es el asesinato.
Pero se reducen a una sipbre noticia.
Lo tuyo es una bella historia de amor, con la tragedia entrelazalada.
Cariños

RosaMaría dijo...

Qué bonito relato! Tierno y dulce como la propia pintura que seguramente despertó tu creatividad, sea como fuere un texto precioso, aún con el triste desenlace, muy bien llevado por cierto. Abrazos

Froiliuba dijo...

Es precioso, tierno y amrago, un texto muy bueno wapa, me ha dejado patitiesa.

Las relaciones son un mundo tan complejo... y los humanos, bichos tan raros...

La sociedad y sus tonterias, justificando siempre lo injustificable si se sale de lo establecido.

Bonito, muy bonito
bicos