sábado, 24 de octubre de 2009

AHORA, DE NUEVO YO




"El egoísmo, la práctica del Yo, bajo todas sus formas de yoismo y solipsismo, es una forma de ontología, una manera de entender que el mundo no es más que lo que el Yo entiende por el mundo".
Georg Wilhelm Friedrich Hegel.



"Cuando se le hace daño a otro es menester hacérselo de tal manera que le sea imposible vengarse."
Maquiavelo.



Imagen de UMBERTO BOCCIONI



Un mal día, que yo creí bueno, salí de mi casa abandonando a mi mujer y a mis hijos adolescentes. Sin explicaciones. Mi libertad me lo exigió así; entendí que tenía que cambiar de vida, que aquella no era la mía, que la mentira se había instalado en nuestro hogar. El hombre aquel era otro, no yo, y suya la responsabilidad. A mí no me afectaba, no tenía que ver.
Y me fui lejos.
Durante 15 años no he dado señales de vida y he hecho lo que he deseado. He sido feliz a ratos, como en cualquier otra historia, pero sin ataduras que me ligaran a nada ni a nadie, decidiendo única y exclusivamente por y para mí. Deambulando por el mundo, subsistiendo muchas veces a salto de mata, estrujando la vida y, en algunas ocasiones, también a las personas.
Hasta la semana pasada. El cuadro médico del fatídico hospital, ante mis indisposiciones cada vez más frecuentes y luego de hacerme pasar por penosas pruebas, me confirmó, con una frialdad absoluta y haciendo caso de mis exigencias, que me moría. Me concedían, como mucho, un año.
Entonces los recordé. A ella, a mi mujer primera, la que, luego de conocernos en la Universidad, decía que me amaba, aquella con la que me casé y compartí casa, dos hijos y muchos afanes durante 15 años.
Pensé en el país, en mi ciudad, antiguos conocidos, amigos incluso, rúas, playas y paisajes. Aquel mar que bañó mi infancia y mi mirada durante tantos años.
Todo lo recuperé de pronto, al tiempo que, con inusitada intensidad, sentí toda una fuerte y cruda nostalgia. Supongo que como si hubiera despertado de una amnesia inducida por un yo, que ahora quería recuperar. Nada me importaba lo que ellos pudieran pensar. Eran mis deseos, mi ego. Yo.
Por segunda vez liquidé mi vida sin ningún esfuerzo. Y regresé.

Derramé la primera lágrima cuando el avión sobrevoló la mar; aquella que no me costó trabajo identificar porque los ojos y el corazón reconociéndola, respondieron. Casi noté, a tantísimos metros por encima, el fuerte aroma de las algas depositadas en los arenales, sentí el ruido de su furia batiendo en las rocas o bisbiseando en las playas, el olor del húmedo salitre. Sentí toda su calma y su fuerza. Allá arriba, respiré el yodo.
Luego, en la ciudad, una vez localizado un hotel que permanecía en mi memoria, corrí a la playa de mi juventud y allí estaba limpia y dorada, tal como la recordaba. Paseé las rúas deteniéndome en los lugares que siempre me habían pertenecido, por placer, estudios o diversión, retrasando el momento de hacer lo que verdaderamente deseaba.
Me demoré dos días, que aproveché para recuperar todo lo que había persistido, sepultado conscientemente, en mi ánimo y en mi memoria. Nadie me reconoció, a pesar de las oportunidades que brindé a viejos conocidos y amigos. Me coloqué bien visible y la indiferencia fue absoluta. Me habían borrado de sus ojos y sus vidas. Volverían a aceptarme, sin duda.
Después de comprobar que aquella casa que compramos, seguía perteneciendo a mi familia, envié un telegrama a mis hijos, comunicando mi regreso, el nombre del hotel en el que me hospedaba y mi intención de visitarles. Mis averiguaciones me habían llevado a la certidumbre de que, uno de mis hijos era un cardiólogo bastante reputado a pesar de su juventud. Lo que también venía bien a mi maltrecho corazón.
La verdad es que, desde que llegué, estaba teniendo unos tontos dolores abdominales que achacaba al cambio de régimen, comidas y a la emoción. Deseaba por tanto contactar con la familia lo más rápidamente posible, sin cuestionarme en ningún momento si ellos querrían; era su padre y esposo, tenían que desearlo, como yo.
Esa es mi forma de ser, así soy yo. Me gustaba volar y mi esposa se había arriesgado tratando de ignorarlo y creyendo que me había cambiado.

Hoy es el día elegido para la visita; será esta tarde. No me han contestado porque lo darán por supuesto. El dolor del abdomen parece extenderse a la espalda, así que pensé en darme una vuelta por el Servicio de Urgencias, para mi tranquilidad y la suya. Después de una buena ducha que no ha calmado mis molestias, descolgué el teléfono para pedir en Recepción que llamaran un taxi...

No entiendo qué sucede, como en sueños veo gentes a mi alrededor, hablan apurados, me levantan, un coche, oigo su motor, ¿me llevan en una camilla?. Quiero hablar, nadie contesta.

No sé cuanto tiempo ha pasado, vuelvo a abrir los ojos, ¿dónde estoy?, parece un quirófano, sí debe ser, mi brazo me duele mucho, intento hablar, hay un médico, no dos, enfermeras …
Hablo pero no me oyen, no me puedo mover. No siento apenas los latidos del corazón, ya no me duele el brazo. Ese médico tiene en las manos ese aparato que siempre he visto en el cine, ese que produce una fuerte descarga. No comprendo nada, me duele mucho, ¿le sucede algo a mi corazón?, ¿qué me pasa, qué me duele?. Intento que me expliquen, pero nadie parece comprender. Mi corazón, nadie parece oirme...

Abro los ojos, ha debido pasar algún tiempo, me siento muy débil, pero parece que el fuerte dolor ha cedido. Quiero hablar, deseo moverme, pero me fallan las fuerzas, nadie me oye, no me escuchan. Ese joven doctor, el del aparato, me mira y sus ojos..., tiene el desfibrilador, eso es, así se llama, lo frota, me mira sonriente... quiero hablar, tiene que escucharme, consigo levantar una mano y se aparta, sonríe, me vuelve a doler, quiero decírselo, intento gritar: hijo, soy yo, pero no hace caso, sonríe, el médico me mira y sonríe, su sonrisa parece cruel, grito sin sonido alguno, ayúdame...
Soy yo..., hijo, ayuda...

12 comentarios:

Aldabra dijo...

Es un texto buenísimo, Fonsilleda. Se lee de un tirón y la historia atrapa, llega quizá porque es una historia corriente que muchas personas han vivido.

Te ha queddo bordado, en serio. No hay ni una sola frase que moleste, todo está en el lugar que le corresponde.

biquiños,

Albino dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Albino dijo...

El relato tiene mucho de aventura, algo de tragedia y un final esperanzador, porque ese encuentro, que supongo que será entre el padre moribundo y el hijo cardiologo deja entrever que todavia queda esperanza, que la muerte esperará un poco hasta que todos se reconozcan. Y no es lo mismo morir entre familiares que te arropan que entre desconocidos que lo que desean es que prondo desaparezas porque, logicamente, te has enconvertido en un problema ya reuelto y la cama hace falta.
Duro y tierno al mismo tiempo.
Enhorabuena.

Gala dijo...

Muy muy bueno.
Una gran realidad, huyen y a su vuelta quieren encontrar ese rincón que tenian en el corazón de la gente que les queria.
Muy buen relato.

Un beso

Raposo dijo...

Moi bo relato: duro e cun final que admite varias saídas, a gusto do lector,
Apertas.

Pamela dijo...

No sé por qué, pero el texto me sale borroso en mi ordenador, pero me quedo con la ilustración y los pensamientos. (sublime Nicolo!) ¿Pensabas en alguién específico? Hay tanto dando vuelta. Te dejo un beso querida Fonsilleda

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

No se si ese hombre se lo tenía merecido o si tal vez soy demasiado severo y juzgo sin deber juzgar. De todas maneras triste final el de que sea tu hijo el que certifique tu defunción y ni siquiera sepa que es su padre el que allí yace en la camilla. Creo que es mejor que ya nunca lo sepa, pues creo que sería una manera de causarle dos veces dolor, ese padre, aunque no lo quisiera.


Bicos e unha perta¡¡

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

... ...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazon
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesia ...


AFECTUOSAMENTE
CAJON DE SASTRA




jose
ramon...

Zoe dijo...

los egolatras siempre piensan en las próximas salidas , en aquello que les conviene y no...No creo que el reencuentro fuera feliz y espero que el destino cumpliera al final, no dándole la oportunidad al hijo de ayudar a su padre natural, los médicos no siempre pueden curar...Padre es aquel que está a nuestro lado en lo bueno y lo malo, sea de nuestra sangre o no...no creo que tu protagonista fuera nunca un padre...
Lamentablemente hay muchas personas así, primero yo, después yo y siempre yo...

Me gusta el final , lo dejas casi abierto pero con esa inquietante imagen final, me recordó algunos finales de ciertas series de misterio...casi me atrevería a decir que se mastica una pequeña tragedia ;-)...así me gusta aún más...

bicos

abuelotellez@gmail.com dijo...

Lo encuentro bellísimo y con ganas de seguir leyendo para ver su final, lo he encontrado atractivo y encantador.
Como vien dice Albino tiene mucho de aventura, algo de tragedia y un final esperanzador, resumiendo precioso.
Un abrazo.

Kim Basinguer dijo...

La historia atrapa,y rompe el corazón.

RosaMaría dijo...

Qué maravilla de relato, estupendamente contado, mantiene en vilo y se siente el egoísmo, pero también se ve el miedo y el sufrimiento final.
Muy bueno amiga. Beso grandote