martes, 30 de junio de 2009

NI FU NI FA

Hacía mucho tiempo que Elisita no se hacía preguntas, tomaba las cosas que le sucedían como algo irremediable, como algo contra lo que no podía luchar y además no valía la pena. Por lo tanto pasaba por los días, como por la acera en cuesta de la calle Joaquín Loriga, donde vivía sola, desde que sus padres habían fallecido.
Compartía la propiedad del piso con su único hermano que era sacerdote y estaba destinado en un pequeño pueblo del interior. A veces, pasaban unos días juntos y en Navidades, ella se trasladaba al pueblo. Cada semana, procuraban saludarse por teléfono.
Elisita tenía 43 años y por haber cuidado de sus padres, contaba con una pequeña pensión, que ella conseguía mejorar un poco, gracias a las clases de piano que impartía a los hijos e hijas de sus vecinos.
Su Madre había sido una estupenda pianista y en la ciudad todavía se recordaban las audiciones que solía hacer, siempre con fines filantrópicos. Pero Elisita reconocía que su virtuosismo no pasaba de un “ni fu ni fa”. Su mamá también había sido hermosa y la prueba colgaba, en un lugar preferente, en el salón de su casa. Algún reputado pintor de la ciudad, la había plasmado el día que la habían nombrado “Dama Joven”. Elisita, de vez en cuando, se comparaba mirándose en una de las cornucopias situadas a cada lado del cuadro y, estaba claro que, físicamente también era “ni fu ni fa”.
Una y otra vez recordaba aquel día en que Sor Josefina, la tomó por los hombros, la miró y le dijo: “Elisita, tú, ni fu ni fa”, y la colocó en la mitad de la fila. Desde entonces, sus compañeras la apodaron Nifunifa.
Su tiempo libre, que era bastante, lo ocupaba en conferencias, charlas, y cualquier actividad que se organizara en su Asociación vecinal. Al participar en un curso patrocinado por el Ayuntamiento descubrió internet y todas sus posibilidades. Se le abrió una nueva ventana al mundo. Bueno, de eso no estaba muy segura, pero lo que sí sabía, era que aquel, era un mundo muy distinto al que habitaba normalmente.
Fue así como tras el nombre de Nifunifa, comenzó a descubrir las posibilidades que le daba Internet, un mundo virtual en el que conocer gente y relacionarse.
Y, en un chat de los que encontró, completamente gratuito, le conoció. Trabajaba de noche en los controles de una Central hidroeléctrica y, mientras su trabajo se lo permitía, se pasaban horas charlando. Era español, viudo, sin hijos, agradable y tenía 50 años. Le contaba que, desde que era viudo, se había convertido en un hombre solitario y triste, hasta que se tropezó con ella. Y Elisita desbordaba contento. Pedro alegraba sus vacíos días, llenándolos de sueños y anhelos.
Así estaban ahora que Elisita, paseando arriba y abajo su calle, esperaba ver subir a un hombre para el que había preparado una estupenda comida.
Y, aquel era, desembocando por la escalera de piedra de la calle; las fotografías no engañaban. Aquel tenía que ser Pedro.
Cuando se paró ante ella delante del portal, se miraron largamente y no dijeron nada. Él siguió a Nifunifa y se perdieron en la oscuridad de aquel portal, camino de un ascensor y un piso en el que, unas cornucopias devolverían multiplicadas las imágenes del primer encuentro.

Cuatro días después un sacerdote abría la puerta del piso, cuya propiedad compartía con su hermana. Estaba preocupado, hacía una semana que no sabía nada de ella y no contestaba sus llamadas.
Después del primer vistazo respiró aliviado porque nada en la casa estaba fuera de su sitio, todo aparecía, como siempre, ordenado e impoluto.
Quedaba la parte que más trabajo le costaba porque, de alguna manera, sentía que estaba invadiendo la intimidad de la que para él siempre sería una niña ingenua: su querida Elisita.
Apoyando la mano en la manilla, respiró y luego de un segundo, abrió la puerta. Un terrible grito salió de la garganta que vestía un alzacuello.

Si no fuera por la sangre que empapaba las sábanas colchón y alfombra, nada en el dormitorio de Elisita, denunciaba algún tipo de violencia.
Ella, que aparecía desnuda sobre el lecho y con la garganta rajada, mostraba ojos de incredulidad y una paralizada sonrisa rota.
Imágenes:
Calle Joaquín Loriga - www.elcorreogallego.es Foto: M.G.
Alcalá subastas.- www.anticuarius.com

9 comentarios:

Balteu dijo...

Una historia muy bien llevada, con una narración impecable, que hace pensar en un romántico cuento y cuando llegamos al final, nos encontramos con la trágica sorpresa, al menos para mí, que esperaba un final feliz, pero bueno, desgraciadamente y tal como está la vida, también es un remate posible.
Me gustó a pesar de que aún tengo la sangre en los ojos.

Un acio de bicos.

Dante dijo...

Una vida entera donde nifunifa, parecía pasar desapercibida entre la gente, y sin embargo, en el final, la muerte se encarama de la peor manera sobre su triste existencia. Excelente relato, corazón. Al igual que Sir Balteu, me sorprendió el final. Fue un gustazo leerlo, preciosa. Dejo un beso.

Marisa dijo...

Una narración en la que
el personaje con su final
trágico dejaría de
ser NI FU NI FA.

Bicos

Meiguiña dijo...

He pasado por tu cajón de sastra para devolverte la visita y conocerte un poco.

Me ha gustado tu historia pero como soy una romántica empedernida, aunque soy consciente de los cuentos no suelen realizarse, esperaba un final distinto.

Volveré á visitarte y conocerte un poco más.

Bicos meigos

José do Neto dijo...

Un epílogo jocundo para una nueva historia.

Una segunda narración con un desenlace similar.
Una hermosa construcciòn que se desarrolla de manera oportuna hasta que aparece la tragedia.
¡No es posible! ¿Por qué debe serlo?
¿Las ni fu, ni fa no tienen derecho a finales felices? ¿Por qué parecen pensar que su felicidad tiene como resultado un dramático final?
Espero que en otras ocasiones una ni fu, ni fa que conozco, me imagine con un remate gozoso para una ocasión magnífica.
Por si acaso digo como los de mi Artabria imaginada: ¡¡¡Meigas fóra!!!
Aquí, en nuestros sueños, hay fantásticas y paradisíacas culminaciones. Será que San Barandán nos guía hacia esa isla onírica de felicidad.
Otra, por favor, con final retozón.

Anónimo dijo...

Un final demasiado previsible ¿no te parece?

Zoe dijo...

Vaya Un anónimo...Bueno. De otra "ni fu ni fa" que espera no tener un final trágico, me encanta que vuelvas a la narración , me temía que te diera por escribir poemas y ...:-) ya sabes. Esta nifunifa sólo tiene torpes palabras que tienen forma de poemas y no lo serán nunca. Pero tú, tienes todos los colores y la imaginación. A mí también me gustaría que el siguiente texto fuera retozón ;-), para ahuyentar la sangre, aunque escibas lo que escribas, me encantará ( estoy segura).

Bicos guapa

Froiliuba dijo...

Pues a mi me parece un texto muy bueno, el final, lo mas previsible hubiera sido que hicieran migas sexuales y tal, o que no se hubieran gustado nada, o como dice el anónimo el tipo sea un sicópata asesino, en finales creo que está todo inventado. Y este no era nada previsible, yo no lo esperaba para nada eh.

Buen texto meiga

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

Joderrrr con el viudo.
De palo sin vela me has dejado amiga. Yo esperaba una escena de sexo hardcore con el pobre hermano cura de testigo accidental y voy y me encuentro con un crimen a lo Manson...

Y a estas horas de la noche...

Magnífico.¡¡

Bicos¡¡