domingo, 21 de junio de 2009

LUZ MARCHITA



Se marchita la luz que ilumina oscuros rincones del alma,
aquel faro que otrora con fuerza vibraba,
entre bosques, mareas o playas.
No hay sirenas que canten,
no hay islotes que engañen,
ya no alumbran candelas soñadas,
ni los barcos despliegan sus alas.
Ya no es tiempo de jóvenes aves,
que anidaran en rocas arcaicas,
buscando su calma.

No está Circe prendada,
Equeto, plaga de mortales hombres, descansa,
Ha pasado el tiempo y Ulises regresa,
Penélope aguarda.

9 comentarios:

Ulysses dijo...

Ha pasado el tiempo y Ulises regresa,
Penélope aguarda.

Que luz mas marchita

Muy buen poema

Saludos

Zoe dijo...

hay luz , se mire por donde se mire , se lea por donde se lea..
Basta leerte en cada uno de tus blogs , de tus textos, de tu voz, de tus manos y de tu risa...Nunca podría imaginarte como una Penélope aguardando, tú que creas , que coses y dibujas y caminas...si estás o no estás , lo haces de corazón y por real gana, si aguardas es por lo mismo...
Hay tanta luz en una sóla de tus palabras que sería imposible no cegarse ante ella...

No hay luz marchita, sólo hay luz y de la buena por aquí..

muxos bicos...

Raposo dijo...

Hermoso y con un final tierno.

Internautilus dijo...

Muy bonito poema. Muy tierno y sugerente.
Besos.

Dante dijo...

Espectacular poema, preciosa!!! Vi el faro, por razones obvias no presté atención a Ulises, pero visualicé la figura de Penélope en tus letras. Excelente! Siempre es un gustazo leerte. Besazo, preciosa.

Balteu dijo...

Un poema formidable, me encantó. Ya tenemos poeta, estaba visto que en cuanto te pusieras, sacarías buenas poesías, no precisas luz de faro alguno, tú tienes tu propia luminaria, sigue que lo haces bien.

Un acio de bicos.

José do Neto dijo...

¿Es necesario un mundo gobernado por una platónica especie?

La Odisea es el poema del Odiseo, denominación que dieron a Ulises los latinos. Un aventurero marino que navega por un mundo misterioso en el que hay duendes, sirenas, dragones, cíclopes… a los que se enfrenta. Siempre sale vencedor porque, además de sus astucia, cuenta con el favor de Atenea, la de los ojos resplandecientes. Pero hay algo muy importante, primordial: su nostalgia por Ítaca, por Penélope. Calipso le tienta ofreciéndole la inmortalidad pero él sabe que su compañera de toda la vida lo esperará siempre y que lo recibirá en su lecho nupcial como si del primer día se tratase. Esta es una de las diferencias que marca los amores recientes de los antiguos. No es que se quiera más, es que son más añejos y esta cualidad resulta de vital importancia. ¿Sería posible tener varias vidas para disfrutar de los amores del alma que van surgiendo? Estaríamos ante la única forma de que las plátonicas almas fueran inmortales. Hasta me atrevo a decir que podría ser una posibilidad de llegar a una especie humana cuasi perfecta.
Los carnales son materiales, lujuriosos, egoístas, amantes del poder tangible…
¡¡Platónicos hasta la eternidad!! ¿Tendríamos un mundo mejor? Casi lo afirmo: ecologistas, sostenibles, respetuosos, sensibles, amantes de las artes, sociales en habilidades…

La signora dijo...

Yo estoy tejiendo.

Un beso.

Rosa Cáceres dijo...

¿Sabes? Hace dos días escribí un poemilla sobre la espera de Penélope en Ítaca, tejiendo y destejiendo el velo. Me lo inspiró una foto que le hice a un estramado de piedras sobre un acantilado. Por casualidad he llegado navegando por el Mediterráneo hasta tu orilla de otro mar. Ha sido el destino, la maga Circe, el dios Poseidón...no lo sé, pero he leído tu poema y me ha gustado.