miércoles, 2 de marzo de 2011

MIEDO


Era otro aciago día como aquel que recordaba, el que tenía prendido con invisibles maromas en un compungido corazón, unos asustados ojos y los oídos que todavía guardaban aquellos retumbantes sonidos. Una jornada que todavía lijaba su carne, produciendo rasponazos indelebles.
Ahí estaba de nuevo el temor atávico, aquel miedo casi irracional que le impedía actuar con calma y libertad, que la mantenía casi paralizada ante aquella ventana que daba al no muy lejano muelle de abrigo, presa de la mirada, sin poder apartar las terminaciones nerviosas de los atronadores truenos, del un viento ululante que izaba, zapateaba y agredía sin medida, de aquellas olas que, a fuerza de vigor, potencia y un terrible y destructor coraje, desdibujaban los perfiles cotidianos y no acariciaban las largas horas.
Estaba allí, pendiente, pegada al cristal desde hacía tres horas,  como si su presencia y la fuerza de su mente fueran algo necesario para que tormenta, agua y aire, pudiesen encontrar acomodo.
Desde que había comenzado, el color o de la ausencia de otro tono que no fuera lúgubre, amenazante, oscuro y subterráneo, se extendía como un frío manto tiñendo el mar, el atónito firmamento que le daba cobijo y las piedras ensimismadas. Las nubes semejaban un poco desconcertadas y parecían desconocer cuál era su cometido.
Las uñas clavadas en las palmas de las manos, no impedían que su cuerpo reaccionara con esporádicos y agoreros estremecimientos, acompañando una lágrima temerosa que resbalaba, buscando destino y justificación.
Mientras, meciéndose, musitaba oraciones como un mantra descosido y desconocido. Y el grito callaba en una garganta estremecida.
En aquella hora lejana, su madre y ella habían esperado en vano. La ausencia de sus queridos papá y hermano todavía producía dolor. No podía repetirse aquello. No debía. Otra vez no.
Pero la radio y la tele no paraban de escupir desoladoras noticias y tristes vaticinios.
¡No!
Hoy era él. Aquel, gracias al cual su corazón había recuperado los latidos y su rostro la sonrisa, el padre de aquellos dos pequeños seres que, ajenos y a pesar del estruendo que no amainaba, jugaban en la habitación vecina.
Era la hora del regreso y no podía dejar de pensar que aquella madrugada, como en la otra,  ella le había suplicado: “no salgas hoy, han dicho que no salierais hoy...”


Imagen de Elia Fuentes, Seix0, Xalundes.

15 comentarios:

Versosoy dijo...

tremendo, aplastante,auténtico. Se me pegan los ojos a esa ventana. un abrazo grande cuentera enorme!!

mariajesusparadela dijo...

Que terrible el mar terrible Da "costa da Morte"...y cuando hay galerna , toda la costa es "A costa da morte"

moderato_Dos_josef dijo...

Preciosa y escalofriante forma de narrarnos una pesadilla que se repite de forma constante en la vida del hombre del norte, del hombre de la mar más brava del mundo...
Excelente.

Un abrazo.

Sir Bran dijo...

Siempre hemos de elegir entre su furia y su belleza... el mar es inmenso en nuestras costas, y suele decirnos que él es quien se modera para no aplastarnos.
Vivimos en la belleza que el viento le implanta.
Bonito dedicarle un párrafo como el tuyo.
Espero que lo apacigüe.
Besiños.

Marisa dijo...

Un riesgo que corren
a menudo las gentes del mar,
nos gusta más verlo y sentirlo
en un azul espléndido
y sosegado.

Besos

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Buenas noches Fonsilleda.

el drama de las mujeres de pescadores que el mar embravecido, se lleva consigo.

Un relato muy bueno.
a por cierto la semana pasa estuve con Marina Filgueira, una señora de pontevedra que vino a Valencia.

En la entrada de mi blog de hoy lo cuento.

Bicos, Montserrat

Aldabra dijo...

¡Ay, el mar, tan traicionero, tan temible! Biquiños,

Raposo dijo...

A dura vida dos mariñeiros, e a dura vida dos que con anguria esperan o seu regreso.Non sei cal delas é a mais díficil!

Allek dijo...

preciosa tu entrada!
te dejo un abrazo!

Allek dijo...

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Folhetim Cultural dijo...

Olá gostaria que visita se meu blog que é dedicado a cultura. Espero que goste nele tenho uma coluna poética aos sábados ás 09 da manhã espero poder contar com sua visita.

Sucesso em seu espaço.

Magno Oliveira
Twitter: @oliveirasmagno ou twitter/oliveirasmagno
Telefone: 55 11 61903992
E-mail oliveira_m_silva@hotmail.com

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E-mail oliveira_m_silva@hotmail.com

Balteu dijo...

Un terrible relato Ana, de malos presagios, de tormentas, galernas, naufragios, de pérdidas de los seres queridos. Unas imágenes duras por lo trágico de la descripción y muy comunes en los puertos de nuestra geografía gallega. La narración descriptiva que haces nos conmueve por su verosimilitud.

Bicos

Estrella Altair dijo...

Madre mia!!!!. es bueno el relato pues pone los pelos de punta..

pero a la vez que tiene aquel mar, que atrae tanto una y otra vez, mas allá de la supervivencia..???

Besos

RosaMaría dijo...

Historias de mujeres fuerte, sufridas, madrazas esperando, siempre esperando. El destino del navegante, él siempre siente el llamado del mar. El destino de la mujer del navegante, siempre es un nudo en las tripas y en la garganta que tu relatas magistralmente. Un abrazo cariñoso