miércoles, 27 de octubre de 2010

MAQUILLAJE PARA UNA VENTANA


Imagen: Fotografía sin título de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes.


Se sentó ante aquella vieja ventana, en la silla que tenía al lado de la camilla y apoyó su cansado brazo en la mesa que cubría un tapete blanco, confeccionado con sus ágiles manos muchos años atrás, en un tiempo en el que la soledad no era su compañera . Aquel mantelillo era el único símbolo que le quedaba de un antiguo esplendor.
Acarició la labor, suspiró y con la otra mano, colocó una horquilla rebelde que pretendía escapar del blanco moño que adornaba su nuca.
Ese gesto le recordó a Manuel y su mirada se iluminó. En los buenos tiempos él siempre se preocupaba por su peinado; le gustaba arreglada, perfecta, así que solía estar pendiente de su cabello y le gustaba empujar las horquillas que, indómitas, querían deshacer su precioso y característico peinado, que le aportaba años es cierto, pero también le regalaba una bella imagen: la de una jovencita tranquila, entrañable, acogedora y con una cierta elegancia
Manuel ya no estaba a su lado desde hacía mucho tiempo; se había ido con una chica 25 años más joven que ella, abandonando la casa común, pero llevándose fortuna y sueldo.
La mujer madura en que se había convertido, la que sólo se había ocupado de quererlo y de mimarlo, tuvo que comenzar una vida para la que no estaba preparada, dando la razón a todos aquellos, quizá más materialistas, pero lógicamente más prácticos y sensatos, que le habían dicho muchas veces: “ no te fíes, cásate, si alguna vez os separáis, no te quedará nada”.
Sin embargo ella, tan joven entonces, estaba enamorada y creía que la mejor clase de amor, es la que se regala, sin ataduras civiles o religiosas, sin contratos o imposiciones y deberes. Y además, aquel amor no podía ni debía terminar.
Buscar otra forma de vida para la que, tanto ella como sus manos, no estaban capacitadas, no fue lo malo. Esa parte no le importó, pues que siempre fue consciente de su falta de adiestramiento para vivir de su trabajo, pero no era ni soberbia ni vanidosa, así que trabajaría en lo que pudiera, mientras lo que ganara fuera lo suficiente para subsistir. Ya no pedía más y tampoco lo necesitaba.
Lo peor fue la ausencia que nunca pudo, ni quiso, superar.
Mientras no había encontrado de qué vivir, la casa, todavía hipotecada, se la había llevado el banco y las pocas pertenencias de interés, los acreedores.
Sus ojos se llenaron de recuerdos que, aunque ya no lastimaban demasiado, seguía sin comprender.
Miró la ventana con intensidad; sabía cómo se veía desde el callejón su vida y, a pesar de que no le gustaba dar lástima, una lágrima resbaló por su mejilla, cansada de esperar que la dulzura de un beso o una caricia, maquillara aquel recuadro.

21 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Fonsilleda:

Un amor de entrega incondicional, el de esta jovencita.

Quien iba a pensar en su inocencia, que la había de abandonar.

Este relato me ha conmovido. Recibe un abrazo y biquiños, Monterrat

Caminante dijo...

Me ha recordado a un relato mío que también hablaba sobre la sumisión de la mujer a los padres, el marido, los hijos... Son historias, por desgracia, demasiado comunes.

Aprovecho para decirte que he cerrado Celia temporalmente, aunque espero que, al igual que las golondrinas, para el buen tiempo esté de vuelta. Gracias por el tiempo y la atención que le has dedicado a ese rincón. En cuanto esté instalado os mantendré informadas ya sea por mail, ya a través de mi querido afilador. Bicos
Eduard

MNB dijo...

Precioso. Emocionante.

Cariños.

Aldabra dijo...

Al final hay que atar bien los cabos para que luego no te pille el toro. Lo mejor, ser independiente de culquiera. Así sí, así se puede querer sin papeles y sin contratos, así si se va: adiós y que tengas mucha suerte.

Es un relato bien triste y supongo que más real de lo que podamos pensar.

me ha encantado la foto.

biquiños,

mariajesusparadela dijo...

Tantas veces aparece una veinte años más joven con la que no se quiere competir...Y me pregunto qué veíamos en él, sabiendo lo que veía él en nosotras...

Marisa dijo...

Como siempre tu manera
de relatar hace hace
llegar al corazón, una
historia que se repite
bastante.

Biquiños

bixen dijo...

Tratar de reparar esa ventana es una tontería. Lijarla hasta quitar el óxido dejaría agujeros y por mucho minio y pintura que le dieras, se pudriría por dentro. Lo mejor es repasar bien los marcos con pintura hasta asfixiar el hierro. Cambiar de ventana no merece, porque hay básicos hogareños más urgentes; mejor, en ese caso, cambiar de casa.

Balteu dijo...

Maquillar la ventana, es prácticamente inútil, pues pronto volvería a estar igual y la costumbre de verla así, haría que se echara de menos, quizás lo más útil sería concentrar la vista en lo que hay al otro lado del vidrio, olvidándose así de la ventana.
Es un relato como todos los tuyos, emotivo, tierno y hasta dulce y amargo en los detalles de los recuerdos.

Bicos

Alís dijo...

Lo más triste es que en esa entrega incondicional al amor de él se olvidó de quererse a sí misma. Algo imprescindible para salir adelante.

Mi madre me inculcó desde muy pequeña que lo más importante era que nunca dependiera de ningún hombre para vivir. Seguro que ella conoce historias como ésta.

Muy bueno el texto. Conmovedor.

Bicos

Anhermart dijo...

En una ocasión me dijo mi hija, cuando era una niña, que a ella le gustaría ser de mayor secretaria. Rápidamente la corregí, le dije que se olvidara de esa profesión, que tenía que apuntar más alto: "¿No es mejor ser jefe/a y que otra persona sea tu secretaria/o?"
Si se piensa en corto y se asume el papel de "obediente", sin pensar siquiera en llegar a algo más, se corre el riesgo de resultar poco atractivo con el paso del tiempo. Es mejor ser uno mismo y no dejarse fascinar por nada ni por nadie; todos estamos en igual de condiciones si de verdad lo creemos.
La sumisión no da más que amarguras.

Albino dijo...

Dicen que hay amores que matan pero tambien hay otros que, aunque desaparezcan, se siguen recordando.
No tuvo suerte tu protagonista, pero se las arregló para vivir y tal vez, para alargar su felicidad.
Cariños

FERNANDO SANCHO dijo...

Emotivo relato, te felicito.
La inocencia, la ingenuidad, la falta de experiencia en la vida llevó a la mujer de tu relato a vivir para otro y se olvidó de vivir su vida para luego...

Te seguiré

Raposo dijo...

Triste de duro relato, por desgracia mais habitual do que quixéramos.

Elena Lechuga dijo...

Te aseguro que hacía años que no veía una fotografía como ésta.
La tarde recupera sentido así.

Susi DelaTorre dijo...

Recuerdos, que ni con el paso del tiempo consiguen explicarse a sí mismos.

Fortalezas que pasan desapercibidas, bajo algunos maquillajes que las refuerzan y las disimulan...

Una estupenda entrada, que me ha recordado detalles con las horquillas traviesas.


¡Un gran abrazo, Fonsilleda!

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

Si algo temo más que a la muerte, es la soledad. Una soledad cuajada de recuerdos de tiempos mejores, lembranzas, miedos...Una soledad que agonize junto a nuestro cuerpo, embalsamada por nuestros sueños rotos.
No hay imagen que me destroze más por dentro que la que tu aquí me dibujas con tu pluma amiga mia.

Ojala hubiera una caricia, una amiga, una palabra amable, una visita diaria, una sonrisa, un gesto, un miserable gesto de nuestra parte a cada una de estas mujeres sentada detrás de su ventana viendo la vida simplemente pasar...

Besos amiga y perdona si mi tono es desmoralizante, mis dedos dictan las palabras de mi corazón y éstas mi mente tan sólo puede leerlas una vez ya han sido escritas, liberándose así del yugo de lo correcto.

RECOMENZAR dijo...

Es un placer haberte encontrado

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

Hace tiempo que no te veo, ni te leo...Y eso me tiene un poco preocupado. Espero que por esa Terra Nosa non faga tanto frio como pra non poder encedere o ordenador...

¡Mira quién habla! Te estarás preguntando. Yo que soy el rey de la constancia¡¡. El príncipe del entrecortado, del espacio pulido entre dos pausas...

Te esperamos amiga,

Moitos bicos e unha aperta.

Froiliuba dijo...

Es muy triste, duro.
Cierto es que el egoismo hace esas cosas, qué tontas y poco precavidas las mujeres,siendo un hecho probado en un porcentaje tan alto.

La imagen es muy buena, la describes, como siempre con precisión fotográfica.
un aplauso meiga este es fabuloso

de Avalon dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
de Avalon dijo...

Qué cosa tenemos grabada en algún sitio de dentro las mujeres para caer siempre en lo mismo?

has dibujado una postal exquisita sobre una forma de entender el amor que algun*s alabarían, por entender que "qué grande", pero a mí me araña hacia dentro.

felicidades, sastra y hasta siempre (andaba algo escondida)