lunes, 13 de abril de 2009

CIEN MIL

Es una mañana, cálida, despejada, con una preciosa luz primaveral brillando por doquier. Una luz que lo envuelve todo, lo ilumina y promete bonanza y buena pitanza.
Me levanté optimista y, luego de mis quehaceres cotidianos de aseo y limpieza, me dispongo al, casi siempre arduo trabajo diario por el sustento, pero que, tal como lo veo todo, hoy será fácil.
Tan pronto salgo de casa, llega hasta mi un aroma a flores recién abiertas y a otras todavía por abrir, junto a aquel otro olor que llena, ennoblece y enriquece todo.
Confirmado, por lo que puedo observar, es un buen día, el campo luce en todo su esplendor y los trinos de las aves y los colores de las plantas, alegran, mejoran y adornan el entorno.
Rápidamente, sin perder ni un momento, entro en el halo de aroma percibido y considero que, bien dirigida por él, me llevará a su origen.
Más, de pronto, como surgido de un paraíso paralelo o de otra dimensión, un atronador ruído me envuelve, al tiempo que, aquello que lo provoca, me empuja a un lado y a otro, chocando conmigo e intentando apartarme.
Son multitud de rivales. Seguro que seguían la misma huella olfativa; mi sustento, todavía más presentido que descubierto, peligra y es posible que, de seguir así, incluso mi integridad.
Sin embargo, quizá no, porque aún dando bandazos, voy arrastrada en la misma dirección, si bien el sexto sentido que siempre me ha caracterizado y facilitado la vida, me inclina a pensar en que todo aquello no es bueno.
Un poco desazonada, comienzo a pensar que lo que me está sucediendo, no me gusta nada.
Yo siempre he sido cauta y, prefiero llegar tarde, a llegar a un mal lugar; sobre todo a uno que pueda poner en peligro la bonanza, seguridad e independencia de las que goza mi vida.
Comencé a luchar con denuedo por salir de aquella, a estas alturas ya, maldita estela, pero no conseguía deshacerme de tan ruidosa compañía, que me había cerrado todas las posibles vías de escape y que me absorbía en su misma dirección, impulsada por su propia fuerza.
Fue entonces cuando de mi interior, como si de una iluminación repentina se tratase, brotó un "¡dios mío!, ya sé de qué terrible lugar procede tan delicioso aroma".
Cuando lo supe, con esa certidumbre que da la experiencia, la madurez y la inteligencia, grité para avisar, me desgañité y debatí con fuerza, sin resultado alguno. Lo intenté todo, con todo mi vigor y fortaleza, a pesar de que, como es lógico, quizá estuvieran un poco mermados tras la vigilia nocturna.
Mis empeños resultaron vanos, mi lucha fue inútil. Nadie, ni mis vecinas más cercanas, oyeron mis gritos y mis advertencias. El enjambre continuó su vuelo.
Y, ahora languidecemos muriendo, aquí, presas de patas en este maldito panal.
Imagen: Odile Herrenchmidt

12 comentarios:

José do Neto dijo...

¡¡Qué versatilidad!!¡¡Qué descubrimiento!! Este primer texto al que me acerco de este cajón me ha sorprendido. Produce desazón, lo leo y lo releo para tratar de libar todo el sustento que produce. ¿Tendremos que ser arrastrados, sin remedio, a ese enjambre luctuoso al que parece nos quieren destinar tantos miles?

Zoe dijo...

Pobres, una vez que caemos en redes es imposible escapar, así enredada me quedé leyéndote, pero aunque misterioso y con ese toque tan peresonal, me parecía ver a la mosca en a telaraña, pero esta vez con preciosa forma de pájaro. Precisa y preciosa tu forma de narrar...Y qué no sabes hacer tú???..

José do Neto dijo...

Entré en ese halo que atrae mi atención y, de repente, cien mil leviatanes cósmicos que penetraron en la red me jugaron una treta. Quise escapar, pedí ayuda y, me entró una ansiedad de tal calibre que me hizo meter, de nuevo, la pata (esto no es nada literario pero sí que es real).
- ¡Qué desgracia tienes contigo! - exclamaron los sarillos que acompañan mi universo.
Y yo me pregunté:
- ¿Será que algún extraño asteroide se interpone, insistentemente, para que no continúe viendo esa estela?
Halo misterioso, dime si es así.

Internautilus dijo...

Cada día aprendo algo nuevo de ti, maestra.
Gracias por historias tan bellas y sorprendentes.
V.

Versosoy dijo...

siempre es un gusto deleitarse en este cajón. Tenía cositas atrasadas por leer. Me voy encantada. Como siempre. un beso enorme.

fonsilleda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
fonsilleda dijo...

Ahora entiendo el trabajo de los "correctores de textos". En la última frase debiera decir (ahora la modificaré) panal en lugar del enjambre que figura y que, supuestamente, la trajo hasta ahí.
¿Por qué leeré lo que sé que quiero decir y no lo que puse o pone el escrito?.
En fin, mis disculpas.
Borro anterior comentario que también estaba mal

Melba dijo...


Sorprendente final. Las abejas asesinas son una realidad en América. Cuando niña supe de los experimentos realizados en Brasil. En el transcurso de los años leía en los diarios sobre el avance paulatino sur-norte de los enjambres, hasta que lograron establecerse en el continente. A quien quiera puede pasarle que un día de tantos... :(

Linda imagen.

Salud♥s

Carlos Bentabol dijo...

RELATO LLENO DE CHISPAS, PALABRAS QUE ALBOROTAN AL LECTOR HASTA LA LETAL PICADURA.....

Dante dijo...

Para todos los gustos, Ana. Ni las abejas se salvan de tu pluma, jaj. Excelente relato, corazón. Sorprendente e interesante. Un gustazo leerlo y leerte. Dejo un beso.

"La LoCa De LoS GaToS" dijo...

hoy he aprendido algo!un saludo!

Balteu dijo...

¡Vaya texto más bueno! Sorprendente relato Ana, me recuerda la famosa fábula, aquella que dice más o menos, a un panal de rica miel cien mil moscas acudieron…
Te inspiraste en él? Hiciste un cuento muy bonito paisana.

Un acio de bicos para ti.