sábado, 13 de diciembre de 2008

UN VIERNES MÁS

Era viernes!.
Pedro estaba terminando su horario laboral y se encontraba demasiado cansado para prolongarlo ni cinco minutos. El estómago, además, comenzaba a despertar del letargo de una frugal digestión.
Levantó la mirada y la pared y puerta acristaladas del despacho, le devolvieron la imagen de sus colegas, secretarios e informáticos, hombres y mujeres, que poco a poco, comenzaban a salir. Alguno le hacía un gesto y, dependiendo del grado de confianza, con más o menos significado.
Marina, abrió la puerta para decirle: me voy corriendo a la peluquería, ¿luego nos vemos no?. Él asintió desganado y forzó una estúpida sonrisa.
Cinco compañeros de universidad habían conseguido montar aquella empresa. Una Asesoría Jurídica que pretendía englobar todas las ramas del Derecho al servicio de la sociedad y que, desde hacía 7 años, progresaba adecuadamente. Sonrió por la tonta calificación mental, recordando las notas de los colegios de sus sobrinos.
Elena, Marina, Anselmo, José y él, eran brillantes, se apoyaban, estudiaban a menudo juntos y habían formado un grupo en el que la profesionalidad y el compañerismo, primaban sobre las ideas o creencias. A veces, incluso, habían compartido fines de semana para discutir y debatir sobre temas profesionales. Así que, cuando decidieron crear la sociedad, una de las cosas que los impulsó, fue precisamente el hecho de que, entre todos, formaban un grupo bien poco homogéneo, en el que cada uno de sus miembros respetaba al opuesto y que, por las distintas especialidades que habían elegido, precisamente por la variedad de gustos o intereses, creían que redundaba en beneficio de la empresa. Tenían el amplio abanico de necesidades y posibilidades, completo.
Las discusiones entre ellos para llegar a acuerdos eran acaloradas, pero habían asumido que, por encima de todo, siempre iba a primar el interés del cliente y éste tomaría la última decisión. Así que, todo era relativamente fácil.
Sin embargo, precisamente esa era para Pedro la parte más dura. Le costaba demasiado esfuerzo ceder o claudicar. Acatar no formaba parte de su personalidad, ni tampoco considerar o aceptar al contrario.
Por otro lado, Anselmo, a raíz de la relación que había comenzado con Marina, le reprochaba y le urgía para que no se portara como era habitual, es decir, llevando el compromiso sólo, hasta el límite de su exclusivo deleite. Ambos se conocían desde niños, por lo que compartían algo más que estudios y trabajo. Era cierto, siempre había sido así y así deseaba continuar su vida; una vez que el sexo no sea el motor, sus relaciones deben terminar. Su satisfacción es lo que debe primar.
Anselmo, le decía una y otra vez que madurara, que ya era hora de que adquiriera algún compromiso y que si no estaba enamorado de Marina que tuviera en cuenta todo lo que habían compartido tantos años... Ya estaba, como su familia, como su madre y sus hermanos. ¿No podían dejarle tranquilo?
Estaba harto, no entendía por qué no podía divertirse y disfrutar de una relación sin adquirir, por fuerza, alguna obligación. Creía que él se lo merecía, trabajaba mucho y sus resultados eran espectaculares, nadie se lo podía negar.
Pedro, ni por un momento reconocía lo que conseguían sus compañeros, no era capaz de considerar que todos eran excelentes profesionales, con más aciertos que errores. Él era mejor, siempre lo había creído así. Y, sí Elena y José habían conseguido terminar en el primer y segundo puesto de su promoción, se debía exclusivamente a que la especialidad de sus compañeros era más fácil, su 7º puesto era mucho más importante, tenía más valor intrínseco.
Excepto él, todos habían ido formado distintos núcleos familiares. Marína, que había salido muy bien parada de un divorcio, estaba libre y él en ese momento tenia su “cuaderno de baile” vacío. Ambos se habían aprovechado primero de esa situación aunque parecía que ella se había enamorado hasta las trancas. Su actitud lo reflejaba y él estaba comenzando a cansarse y a sentirse atado.
Sonrió al recordar el detonante de su cansancio: la extraña, liberada y exótica mujer que había conocido en el bar aquel cercano a los Juzgados. Se habían mirado y la mutua atracción había dado con sus cuerpos en la habitación del hotel más próximo. Comenzaron entonces las mentiras y disculpas. Y hoy habían quedado pero en su casa, lo que significaba que a Marina le tocaría el plantón con la cena preparada.

- ¡Qué le den!- pensó.

Al final fue el último en salir. Nada había dicho a Marina y no tenía intención ni de buscar disculpa. Rápidamente se fue a su casa que era lo que realmente deseaba.

Más tarde, cuando ya en su casa el móvil no dejaba de sonar, terminó por desconectarlo.

Ella, esa extraña mujer, ya había regresado con su familia y él, satisfecho y relajado después de tres intensísimas horas, se encontraba saliendo de la ducha cuando oyó el timbre de la puerta. Pensó que algo se habría olvidado o, mejor aún, que podría quedarse un rato más. Se enrolló una toalla a la cintura y acudió a abrir la puerta.
La sonrisa se paralizó en su rostro. La mujer que tenía delante era Marina, con una cara a caballo entre la preocupación, la tristeza, el desaliento y la decepción.
No tuvo más remedio que franquearle el paso y cuando, después de un leve beso y un forzado saludo, comenzaba a esbozar una cerril disculpa, ella, con una expresión de total incredulidad, le hizo un gesto.

- No, no intentes insultar mi inteligencia. Dime qué sucede. Simplemente.
- ¡No te pongas nerviosa ni histérica!. No dramatices y déjame hablar, no ocurre nada es que...

Los ojos de Marina comenzaron a desbordar unas lágrimas que encerraban todo el esfuerzo realizado: salón de belleza, recogida de productos elegidos con todo el esmero y previamente encargados en su supermercado de confianza, llegada a casa y todo el ahínco puesto en la preparación de una exquisita cena para dos, rápida ducha para eliminar los aromas de la cocina y rápido pero intenso arreglo personal. Había conseguido que todo estuviera, como otras veces, perfecto. Ahora sólo esperar.
Para entonces Pedro, que seguía empecinado en la explicación estúpida, comenzaba a ponerse nervioso y a ensayar torpemente, una solicitud de perdón dulce y queda.
Finalmente, después de una ardua argumentación en la que humillándose esgrimió el cansancio, que no se había atrevido a decírselo, que se llegó a casa con la intención de descansar un rato e ir, pero se había dormido, que estaba avergonzado, que humildemente apelaba a su conocida indulgencia y generosidad..., poco a poco consiguió comenzar a dulcificar expresión y actitud. Estaba enamorada y estúpidamente, como era normal, se agarraba al clavo que se le mostraba, aunque estuviera ardiendo.

- Perdóname cariño, ya sé que debí hablar. No volverá a ocurrir, por favor, no te pongas así.

Pedro, lentamente comenzó a acercarse y a acariciar el triste rostro de Marina que, al segundo intento ya caía rendida en sus brazos.

Mientras comenzaba a besarla con fingida pasión, Pedro pensaba en lo que suponía de atadura esa relación, en que Marina se había convertido en un estorbo, en que seguramente les llevaría a problemas en la empresa, en que ahora tenía otros intereses en los que ella no entraba, que la nueva mujer era verdaderamente estimulante, que con Marina sólo había un final, la boda, que no deseaba tal cosa, que estaba harto de las convenciones sociales, harto de que alguien le insinuara lo que debía o no debía hacer con su vida respecto a las mujeres, e incluso, respecto a algunas decisiones en su profesión, que nadie tenía derechos sobre su persona, que los dulces labios de Marina estaban bien, pero ya no estaban de moda, que ahora era otra el objeto de su deseo...
La cabeza le bombardeaba argumentos, todos a su favor, todos para su disfrute, todos en contra de cualquier tipo de lazo, todos en contra de todo lo que no fuera él mismo. Y el corazón bombeaba agravios e impaciencias, egoísmos y egocentrismo, individualidad y voracidad.
Estaba comenzando a perder el control, todos estaban contra él, estaba claro, él sólo quería divertirse, pasarlo bien cómo y cuando le apeteciera. No los necesitaba, en realidad no precisaba de nadie.
La tomó en brazos llevándola hacia el dormitorio y, ya tendidos en la cama, fueron despojándose de sus ropas. Al contemplar la belleza de su desnudez, su deseo creció al tiempo que una cínica sonrisa se adueñaba de su rostro. Se puso sobre ella, posó en el largo y delicado cuello sus manos, lo acarició levemente con morboso placer y comenzó a apretar.


El asesino quisiera ser más que un dios,

para rematar al muerto en el paraíso.

Jesús Jiménez Reinaldo.


El dibujo es obra de Ina quien lo hizo para el anterior texto y que, generosamente, me ha permitido que forme parte del mismo.

Mi profundo agradecimiento por tan espléndida aportación.

8 comentarios:

Zoe dijo...

Impresionante e impresionada: me alegra por primera vez pasar por este blog y que mejor que en este post dejar mis primeras palabras:-)

Zoe

trainofdreams dijo...

Hay tantas cosas parecidas amiga mía en este texto( claro está que sin el final) nadie fisiscamente murió.Te lo pediría si me atreviese para ponerlo en una despedida...

Melba dijo...

Hola, muy bien hilvanada historia.

Felicitaciones

♥♥♥

Balteu dijo...

No me extrañaría, que me dijeras que esta historia es real, porque tal como está la vida…
Parece un caso sacado de un periódico, engrosado y adornado por tu pluma. Es triste, pero cuantos casos cómo este habrá?
Me parece una narración muy bien llevada, tal como tienes por costumbre, la leí con interés hasta el final, como reclama el escrito que no da lugar a dejarlo.

Un bico.

Froiliuba dijo...

Es como siempre de quitarse el sombrero. tienes una forma tan tuya de enseñar, de desnudar almas que, me encanta y no es peloteo guarrindongo eh.

Ahora a pegarte con los guiones,párrafos y demás duendecillos del editor que te hacen la vida imposible jejejee

RosaMaría dijo...

La historia no solo se lee, se sienten y ven las actitudes sin intuir un final tan insólito.
Saludos.

Versosoy dijo...

A mi también me parece idoneo para una despedida....la verdá. En cualquier caso el final es brillante, no lo esperaba y llega justo a tiempo. Bestial.Chapó. Me ha encantado. He disfrutado mucho leyendo aunque he sentido cierta angustia.un besote!

LiberArte dijo...

Te dejo mi propia cajita, llena de deseos, sueños, imágenes y sonrisas.. Feliz navidad!
Lucía ...