martes, 25 de noviembre de 2008

DÍAS DE ALCOHOL

Empujó la puerta de aquel bar que parecía aportar un cálido refugio. Eran tan sólo las 9 de la noche. -Un rato nada más -pensó-, tomaría una copa de güisqui para entrar en calor y después se enfrentaría a su fría, solitaria y vacía habitación.
Elvira se sentó en la barra, en un taburete alejado de las únicas tres personas que poblaban el local. Pidió su copa y, con el primer trago, las imágenes del último mes ocuparon su mente, justo después de pensar en lo sucedido hacía un rato en la terapia de grupo, en la que, una vez más, no había sido capaz de hablar; no tenía nada que ver con aquella gente, estaba obligada a asistir, pero aquellos no eran ni sus problemas, ni su rollo. Comenzó rememorando, una vez más, el desconsolado llanto de su pequeño en la cuna, y se vio intentando acercarse para atenderlo y tranquilizarlo, a pesar de que todo giraba convulsamente a su alrededor, pero aquella estúpida y preciosa alfombra que había colocado con tanto mimo, se enredó en sus pies y fue a parar al suelo. No pudo levantarse, aunque quizá ni lo intentó. Nunca supo el tiempo que había transcurrido hasta que Ernesto la estaba ayudando a incorporarse y el bebé, su querido niño, había dejado de llorar. Ese fue el principio del fin de su maravillosa vida.


La profesión de Ernesto como director comercial de una importante empresa, lo obligaba a salir y asistir a numerosos actos y fiestas, amén de las frecuentes invitaciones que él mismo tenía que hacer y que se traducían en aperitivos, comidas, cenas y posteriores visitas a toda clase de espectáculos y divertimentos nocturnos.
Desde su matrimonio hacía dos años, Elvira procuraba acompañarlo en todas y cada una de esas salidas. Eran jóvenes, estaban enamorados y deseaban separarse lo menos posible. Disfrutaban de su compañía, al tiempo que su trabajo les permitía, sin ningún desembolso ni gasto extra, divertirse, conocer gente interesante y frecuentar los locales y restaurantes más sugestivos y de moda en la ciudad.
Él, le decía que ahora, con su brillante presencia, don de gentes y simpatía, le resultaba mucho más fácil captar clientes y conseguir buenos resultados para su empresa, lo que también redundaba en beneficio económico para ambos.
Tanto es así que ella, que era Licenciada en Educación Infantil y Pedagogía, por mor de las continuas salidas nocturnas, abandonó su profesión porque en las mañanas comenzaba a resultarle difícil estar a pleno rendimiento, tal como era su deseo y había hecho siempre. Sin embargo, lo estaban pasando tan bien y disfrutaban tanto, que no le resultó nada penoso.
Fueron pasando los meses y ella se quedó embarazada. Se querían y deseaban tener descendencia desde luego, pero en ese momento, estaba claro que no se lo hubieran planteado. Fue el primer problema serio que tuvieron que arrostrar y, de todas formas, ni se plantearon un aborto.
Así que, les costó trabajo aceptar el hecho que supuso el cambio de vida que, lógicamente, tuvo que adoptar Elvira. Pero se adaptaron, creían que con bastante facilidad. Ella dejó de salir por las noches, limitando las salidas nocturnas a las que hacían con los amigos un fin de semana, a cenar, o un cine y un café.
Sin embargo, lo que no dijo Elvira, lo que no compartió con nadie y menos todavía con Ernesto, es que no estaba haciendo caso de la recomendación de su ginecólogo de evitar el alcohol. Creía que esa copa a media tarde no le podía hacer daño alguno y menos todavía al feto. Lo que no se confesaba es que lo hacía porque ya no podía prescindir de su ingesta. Y pronto no sería una sóla.
Y así transcurrió el embarazo, sin querer darse cuenta de que se estaba creando una dependencia que había comenzado de una forma tan estúpida como absurda: sin buscarla y por ayudar a Ernesto. También es cierto que, en algún momento, su brillante inteligencia le advirtió, pero no hizo caso, ella podía controlar todo como había hecho, desde siempre con su vida. Era joven y se estaba divirtiendo. Había pasado su juventud estudiando, ahora quería disfrutar.
Tuvieron mucha suerte y todo transcurrió normalmente, incluso su hijo era un niño que sobresalía entre los de su edad.
Pero, no todo era tan bonito como se veía desde fuera. La realidad es que el niño lloraba y cansaba a una madre que ya buscaba refugio en el alcohol. En solitario y por necesidad.
Ernesto que, todo hay que decirlo, a veces llegaba a casa ligeramente achispado, tardó en percatarse del pozo en el que se estaba metiendo ella y cuando la realidad golpeó su rostro, ya era un poco tarde y Elvira, además, no admitía que había un problema.
Llegados a este punto, la convivencia se hizo problemática y la comunicación inexistente porque, cuando él llegaba a casa, fuera la hora que fuese, madre e hijo siempre dormían. Eso, que en un bebé es algo totalmente normal, no lo era en ella y, a su pesar, tenía que reconocer que invariablemente olía a alcohol, además de que nunca conseguía despertarla.
Ernesto tomó entonces la determinación de contratar a una persona para cuidar del niño porque ya no se fiaba de ella y comenzaba a estar preocupado y a tener miedo por el pequeño.
Hasta el terrible atardecer en que llegó a su casa y se encontró a Elvira desmayada sobre su propio vómito y al bebé llorando; la chica no haría ni 15 minutos que habría terminado la jornada que él había calculado con todo el cuidado y casi al segundo. Fue la gota que le faltaba para que el vaso rebosara.
A la mañana siguiente pidió a la empresa permiso para asuntos personales y presentó una denuncia contra su mujer. Había pasado la noche intentando convencerla de que aceptara el problema que tenía y se sometiera a tratamiento voluntario. No lo logró.
Consiguió que el juez de guardia iniciara expediente y, en principio, la declarara incompetente para cuidar a su hijo y la alejara de la casa. No había resultado difícil, el juez de guardia había consentido en presentarse en la vivienda y simplemente la había visto. Sin más.

Y ahora Elvira, vivía sola en aquella triste habitación; la dejarían ver al niño cada 15 días en presencia de otra persona, si accedía a someterse a un tratamiento que se negaba a admitir que necesitaba. Y tenía la obligación de asistir a una terapia diaria.
Y en la húmeda y desapacible noche de su ciudad, cuando en el reloj de la plaza se oyen las 12 campanadas, se abre la puerta de aquel funesto bar y Elvira, acompañada por un hombre que no conocemos sale. Y, prestándose una fuerza de la que ambos carecen, tropezando y tambaleándose, se alejan calle abajo.


Imagen Extraída de Google imágenes - www.prevencionalcohol.com Blog de Alejandra Inés Lacroze

8 comentarios:

trainofdreams dijo...

Duro relato sobre el alcoholismo de una mujer...está tan aceptado socialmente el beber, pero la mayoría de las mujeres alcohólicas lo hacen en casa y a solas.Así cuando llegan al punto de la protagonista de tu relato ya están desarraigadas de todos y de todo...Cada relato tuyo me hace pensar y meditar...y detenerme de nuevo por ellos.

Versosoy dijo...

Me gusta tu froma de llevarme al interior de los personajes en tan pocas líneas, los trazos de alma humana saliendo de tu letra. Es un relato que te lleva dentro de la soledad de Elvira.

además me ha parecido muy original el enfoque y toca un tema que no sé hasta que punto ha estado hay constreñido como es mujer y alcoholismo.

A todo esto, llevo aquí un agradable y largo rato porque te había enlazado en una pagina equivocada y pensaba que no habías escrito en estos días. Suerte que ya lo arreglé y no me perderé nada.

Un gusto leerte y como dice traiofdreams siempre me llevas de la mano a una reflexión honda. Muchos besitos.

Froiliuba dijo...

Perfecta la form ad eplantearlo, de presentarlo y como siempre el cómo lo cuentas.

El alcohol y la mujer, el copeteo social, ese que tantos alcoholicos ha creado en nuestra sociedd y por desgracia seguira creando. Te quedo de lujo meiga, de lujo

lo pusiste alli???

bss desde el exilio

RosaMaría dijo...

Como se derrumba el mundo emocional y social de la mujer alcohólica, no hay concesiones en ese sentido, lamentable final aunque casi previsible. Bien propuesto, te felicito.

Anónimo dijo...
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trainofdreams dijo...

Gracias

Muchos bicos y un gran abrazo de esos en los que no cabe el frío

trainofdreams dijo...

Quiero pedirte un favor...

Quiero poner en inaesperados ( otro de mis blogs) textos que me prestéis aquellos que sigo lo que escribís y que además me gusta como lo hacéis... inaesperados también tendrá que descansar pero como ese blog era de aquellos poetas, escritores, músicos, cómicos ( como buster), pintores que llevaban alma para mí... quiero que su despedida sea con todos vosotros. Te importaría pasarme algún texto para poner en ese blog?, lo dejo todo a tu elección. el decir si o no, o si decidieras que sí el texto para poner en él...te doy las gracias sea cual sea tu decisión...
 

trainofdreams dijo...
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