lunes, 27 de septiembre de 2010

DESDE EL JARDÍN: MENTIRA Y SILENCIO

Carmucha dormitaba a ratos, cómodamente sentada bajo el enorme roble. El ramaje oscilaba mecido por una suave brisa que, aparte de un agradable frescor, producía un sonido que le hacía recordar el de las olas, cuando la espuma susurra en los arenales.
En cada cabezada, la mano que sostenía un libro, se relajaba y aquel caía produciendo un sonido sordo,  que automáticamente la despertaba.
Esta vez, el libro fue a parar a un pie, por lo que gritó “¡coño!”, soltando a continuación una sonora carcajada, al tiempo que, por mor de algún recuerdo que llegó colgado en el suspiro del sueño que estaba teniendo, escuchó con claridad la risa de Wenceslao, (“Ubences” para todos ellos), la primera vez que la oyó decir un taco.
Se percató entonces de que, aunque habían pasado más de cuarenta años, en su mente todavía muy activa, los recuerdos estaban frescos.
Su marido había fallecido, pero ella seguía viviendo en aquella casita que habían comprado para pasar las vacaciones. Disfrutaba del pequeño jardín y le encantaba hundir sus manos en la tierra fresca y ver crecer las flores. A pesar de su ya escasa actividad, era relativamente feliz. Disfrutaba de la música, algunas exposiciones, los amigos que quedaban y leía mucho.
Esperaba la visita de sus hijos y no quería volver a dormirse, así que, se levantó y fue hacia la casa en busca de aquella preciosa caja de hojalata, que recordaba ya en la casa de su madre y que había contenido, en origen, un rico membrillo.
La lata estaba abarrotada de viejas fotografías familiares y las primeras de su infancia, casi todas en blanco y negro. En las de su juventud, ya comenzaba a asomar el color. Las recientes ya eran de su otra vida. Sabía lo que buscaba y con la pesada caja bajo en brazo, volvió a salir a la suavidad de la tarde y a la preciosa luz que le regalaba Septiembre. De nuevo, en su roble, los dedos comenzaron a recorrer las manoseadas fotos, hasta que encontró y apiló las que buscaba..
Eran 20 o 25 fotografías de un grupo de gente joven, con una imagen muy hippy, que era la impronta de sus años universitarios. El “haz el amor y no la guerra” importado de lejanas tierras, comenzaba a influir y a avecindarse en sus calles. Era la pandilla que había nacido a la sombra de los graves claustros, aunque alguno de ellos, se conocían casi desde niños. “Qué jóvenes y tontos éramos”, se dijo.
En las fotos del último curso, ya estaba “Ubences” recién llegado a la ciudad. Hijo de militar, tenía una imagen seria, responsable y tranquila, que chocaba con la de los demás, casi todos barbados y de largas greñas.
Pasó sus dedos por las figuras como queriendo despertarlas, mientras musitaba los nombres de cada uno y volvía a las risas y voces de aquellos años. Como si sus huellas fueran un resorte, primero atropelladamente, en tropel, pero cuando logró calmar el inoportuno “potopón, potopón” de su corazón, los recuerdos afluyeron  de una manera suave, ordenados y dulcemente.

Aun después de tantísimos años, era bien consciente de la fascinación que el muchacho había despertado en ella, del estremecimiento que tenía que disimular, carraspeando o volviendo su mirada, cuando entraba en aquel bar en el que compartían tertulias, charlas, risas y discusiones enardecidas. Formaban un grupo dinámico y vociferante. Eran años muy activos en la Universidad española. La de Compostela no era una excepción. Comenzaba la invasión de las aulas universitarias por parte de la mujer y ellas tenían que esforzarse para estar a la altura y demostrar de lo que eran capaces.
Por tanto, ese especie de disfraz para tapar su turbación, la sacaba de quicio y más porque él no era nada especial. Sin embargo, su voz de profundos y distintos matices, muy varonil y su risa, franca, abierta, sin disimulos, la tenían cautivada. Y no era tanto por lo que dijera o lo que provocara su hilaridad, era por cómo sonaban una y otra. Ese tacto que tenían, la calidez y profundidad del tono, la espontaneidad de su hermosa carcajada. Era la melodía que aquellos días deseaba escuchar.
Una tarde que repasaba los apuntes desplegados en la mesa, mientras esperaba que llegaran los demás, levantó la mirada hacia la ventana, para pasmarse con las columnitas, siempre nuevas y siempre imposibles, que la lluvia hacía sobre el cristal y lo vio llegar.
Se le erizó el vello y se revolvió incómoda en la silla pensando “que llegue alguien más, por favor; no, mejor que no vengan nadie...”. Fue la primera vez que estuvieron solos un rato y, tras los saludos de rigor y el cambio de frases intrascendentes acerca del tiempo, la humedad o las eternas quejas acerca de algún profesor, comenzaron a llegar los demás.
Sin embargo, algo había sucedido, aquella larga mirada que le había dedicado desde la puerta, no era una mirada vacía, no lo era de saludo, de reencuentro habitual o de “¡fíjate que día!”. Creyó que era una mirada con contenido. Con un suspiro que no notó nadie, pasaron a los perentorios planes para la manifestación del día siguiente, aunque el resto de la tarde, su corazón no cesó en un bobo “potopón” “potopón”que, con todo lo que estaba sucediendo y lo que se traían entre manos,  creía vergonzante.

Carmucha se frotó el hombro izquierdo al recordar el golpe recibido por una porra. La actividad política llenaba aquellos días las aulas. Evocó los encierros, las carreras perseguidos por “los grises”, las ayudas de la gente, la ilusión de la lucha contra la dictadura, también el miedo, alguna detención de conocidos... Sintió de golpe todas las esperanzas, los deseos y anhelos de cambio.
Una frenética actividad juvenil recorría paraninfos, clases y calles de su querida ciudad, en aquella primavera de 1968. Le vino a la mente el insulto recibido por un diario que les había calificado de “inmunda escoria”. Pensó también que nunca volvió a tomar parte tan activa en la vida de una comunidad. Había sido una hermosa etapa en sus vidas. Pensaba que la puerta a la modernidad.
En ese caldo de cultivo, unió con vehemencia sus justas reivindicaciones sociales, como mujer y universitaria, con las aspiraciones personales que la empujaban hacia aquel recién llegado.

En la ciudad se estaba reponiendo “Matar a un ruiseñor” y Alfredo y Ubences, que justamente estudiaban Derecho no la habían visto. El día que les oyó quedar, siguiendo el consejo de los demás, pensó en presentarse, como por casualidad y se las apañaría para que la acompañara a casa.
Pero el azar y las calles que bullían de actividad, se aliaron para retrasarla. Llegó cuando apagaban las luces para dar comienzo a la proyección. No había demasiada gente y, al tratarse de un reestreno, la sala no tenía numeradas las butacas, por lo que se sentó en la última fila pensando que podría  localizarlos. Comenzó a inspeccionar las butacas y luego de repasar dos veces las personas que, aquí y allá, tenía delante, "¡qué suerte!" se dijo, estaban en su misma fila, al otro lado del pasillo. Le resultaría muy fácil hacerse la encontradiza.
El doblaje había dotado a Gregory Peck de una maravillosa voz y la película era una delicia, por lo que le resultó fácil abstraerse en la trama.  Sin embargo, cuando estaba a punto de terminar, los buscó con la mirada para tener controlada su salida y “¿qué era aquello” se preguntó. A pesar de la oscuridad, la luz que salía de la pantalla iluminaba lo suficiente para que los perfiles se vieran con nitidez: Alfredo tenía la cabeza apoyada dulcemente en el hombro de Ubences y ella sintió que tenían las manos estaban enlazadas.
Salió de la sala antes de que encendieran las luces y se quedó esperando, apostada tras un farola de la acera de enfrente. Como una vulgar cotilla, los localizó y durante un rato los siguió a una prudencial distancia.
La poca iluminación de las calles en aquellos tiempos, disimulaba su acoso y también protegía a la pareja que, de vez en cuando, unía sus manos durante unos metros. Sobre todo si no había más transeuntes.

Después de aquella tarde-noche, Carmucha intentó con todas sus fuerzas continuar con su vida de siempre, pero no fue capaz de enfrentar las miradas de la pandilla y callar. Sobre todo, le pesaban los enamorados ojos de Pily, siempre pendientes de Alfredo. Jamás se atrevió a contárselo a alguno de ellos, ni siquiera a su mejor amiga Elena.
En aquellos años, ese tipo de habladurías hubieran propiciado un total ostracismo social y profesional, Además tenía serias dudas, a pesar de lo que estaban viviendo,  respecto a la tolerancia de alguno de sus compañeros. Una cosa era hablar, manifestarse o correr ante los grises y otra muy distinta poner en práctica lo que se decía.
Ahora se da cuenta de que, justamente en ese momento, comenzó su auténtico desarrollo personal. Su primera decepción romántica, la obligó a madurar de golpe y aprendió que es cierto el dicho de que “no es oro todo lo que reluce”, sin que ello venga significar que, lo que no es oro, sea malo “per se”. Empezó a tratar de entender, a abrir su mente a nuevas posibilidades y nuevas opciones, a ponerse en la piel de los demás, fuera cual fuera su condición de “distinto”.
Sin embargo, no fue capaz de enfrentar la situación. Con cualquier disculpa, poco a poco dejó las tertulias en aquel bar, aunque siempre mantuvo el contacto y amistad con todos ellos. No se podía dar la espalda a todo lo que estaba sucediendo y no lo hizo, pero ahora reconoce, que su compromiso y sus ideales nacientes, aunque la ayudaron mucho, tardaron en fructificar en su manera de actuar.
Luego, al acabar los estudios, asistió a la inauguración del bufete que Ubences y Alfredo montaron y, poco más tarde recibió la invitación para la boda de Pily y Alfredo, aunque no fue capaz de ser testigo de algo que, de antemano sabía que era mentira y estaría abocado al fracaso.

Todavía le dolía el silencio que había mantenido en un momento tan fructífero, de cambios tan necesarios como pronfundos y de una evolución tan extraordinaria.
Siempre supo, aunque le costó trabajo  aceptarlo y perdonarse, que no había estado a la altura que las circunstancias exigían.

Imagen: "Mujer sentada en un jardín", Pablo Picasso.

13 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

¡FONSILLEDA¡QUE TIEMPOS AQUELLOS, RECUERDO LA PLAZA UNIVERSIDAD DE BARCELONA Y LOS GRISES CORRIENDO CON LAS PORRAS EN LA MANO TRAS LOS ESTUDIANTES.
Y QUE PELICULA MAS BELLA. MATAR UN RUISEÑOR.HACE POCO UNO DE MIS HIJOS ME LA REGALÓ, EN UN D.V.D.

ME HAS TRANSPORTADO Y QUE BELLO CUADRO DE PICASSO.

MI TIA COMPRÓ UNA COPIA-LAMINA DE D´ESTRANQUIS" DEL CUADRO GUERNICA Y LA HIZO ENMARCAR. EN AQUELLA EPOCA. YA SABES LO QUE PASABA.

CASI TE VIGILABAN EL RESPIRAR.AH PERO HABIA LOS CURAS COMUNISTAS Y OBREROS, QUE EN EL ALTAR PREDICABAN CONTRA EL REGIMEN.
Y CUANDO EN LOS CAPUCHINOS DE SARRIÁ SE REFUGIÓ SALVADOR ESPRIU, ESTUDIANTES Y OTROS INTELECTUALES CATALANES, HUYENDO DE LA BOFIA.

BUENO ESTARIA TODA LA TARDE HACIENDOTE EL COMENTAREIO Y ME ENROLLARIA DEMASIADO.

OSTRAS, COMO HE DISFRUTADO LEYENDO TU ENTRADA. BIQUIÑOS, Montserrat

Aldabra dijo...

Es dificil intervenir en una situación como la que describes por muy amiga que seas de alguien, lo digo por la boda de Pily y A1fredo.
UN relato estupendo que se lee de un tirón.

biquiños,

mariajesusparadela dijo...

Preciosa entrada. Y tan real como la vida misma. Creo que nadie hubiéramos estado a la altura...solamente en el hablar, lo demás era difícil.

De lo que no estoy tan segura es de que muchas hubieran guardado silencio.

Pamela dijo...

Qué duro y hermoso relato Fonsilleda, nunca sentiremos que hemos hecho lo suficiente! un beso grande

Balteu dijo...

Fuertes y duros recuerdos Ana, pero ya ves, también forman parte de la vida y creo que es mejor verlos desde esta perspectiva que vivirlos desde tan cerca, como lo hizo Carmucha.
Que los recuerdos solo sean eso y que tus relatos sigan tan interesantes.

Un acio de bicos.

Marisa dijo...

Perdona que no comente como debiera,
tengo poco tiempo,estoy disfrutando unos de unos días en Lanzarote.

Muchos besos

Albino dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Albino dijo...

Que bien has contado una historia que en determinados pasajes, sive para que nos identifiquemos con ella y que hayamos conocido personajes como los que la protagonizan.
Más aún en mi caso que, aunque unos cuantos años antes, estudié en Compostela, corrí delante de los grises, me enamoré de alguna compañera -entonces en derecho solo eran tres, pero me matriculé en Filosofía y Letras donde predominaban las mujeres- e incluso conocí a alguno dueto gay que, por supuesto, tenían que disimularlo hasta el máximo, pues hasta el poder podía considerlos escándalo público y aplicarle una ley dictatorial que se llamaba "de vagos y maleantes".
En fin, que me gustó y me sentí atrapado.
Un beso, ahora que están consentidos.

Chus dijo...

¿Cuantas veces estamos a la altura de las circunstancias?, muy pocas, creo que la mayoría preferimos quedarnos al margen, quizás porque nos parezca lo mas lógico o por miedo a que el daño que podamos causar sea mayor.Eso que yo soy un poco bocazas
Un abrazo

María Jesús Verdú dijo...

Es un placer visitar tu blog en esta agradable y otoñal mañana de domingo.

Taty Cascada dijo...

Es una situación compleja, entiendo que el punto duro se lo lleva Pily y su ignorancia de la realidad de Alfredo; pero en esa época en la está escrito el relato, no existían mayores opciones. Se debía callar para no causar daño a tres personas, por suerte hoy, es un poco más distinto, se puede hablar y las diferencias sexuales están siendo más comprendidas por la Sociedad.

Un beso, muy buen relato.

Alís dijo...

Qué buen relato! Tantas cosas que se podrían comentar de él. Es muy completo.
Y qué difícil estar a la altura de las circunstancias. Haga lo que haga Carmucha, lastimará a alguien.
Tienes razón, una cosa es predicar con la palabra y otra muy diferente hacerlo con la práctica. Cuánto daño hacen los prejuicios ¿verdad? En este caso, la vida de tres personas y la conciencia de otra quedaron marcadas para siempre.
Me encantó

Biquiños

MR. MC.DONALD dijo...

WOW!!! ENHORABUENA!!! EXCELENTE TU BLOG, GENIAL ESTA ENTRADA!!! DE VERDAD TE FELICITO, ME GUSTA EL CONCEPTO QUE LE IMPRIMES A CADA DETALLE Y TE INVITO A QUE TE PASES POR MI NOSTÁLGICO, OSCURO, TRISTE Y DEPRESIVO BLOG DE INVIERNO PARA QUE ME DES TUS MAS SINCERAS IMPRESIONES AL RESPECTO. DESDE HOY TE SIGO. TE ESPERO POR EL MIO ...

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