lunes, 14 de septiembre de 2009

CATARSIS

Imágen: Fotografía de Estíbaliz Díaz.


Eva tenía uno de esos días en los que, con un pañuelo en la cabeza para proteger bien su canoso y bien cuidado moño, armada de numerosos paños viejos, escoba, recogedor y un cubo con agua jabonosa, se disponía a arreglar el desván de aquella vieja casa heredada de sus abuelos y en la que, salvo precisamente el desván, casi todo estaba nuevo y debidamente recuperado y conservado.
En el desván tenía además aquel inmenso y viejísimo ropero un poco destartalado pero que adoraba porque le recordaba su infancia. Allí guardaba el abuelo muchas cosas curiosas que había ido atesorando a lo largo de los años y que, hoy se encontraban repartidas entre todos los nietos. Lo que le había tocado a ella, seguía estando allí, acompañando ahora a sus recuerdos. Esos que, como los del abuelo, no tenían demasiado valor material, pero en cambio eran importantes.
Ante ese ropero estaba ahora, acariciando parte de su memoria con las yemas de sus dedos que, automáticamente, se llenaron de la pátina de años y años. Aparte, claro, de todo el polvo acumulado, que era bastante. Se había descuidado con la limpieza.
Sonriendo se miró las manos, se encogió de hombros pensando que le importaba un comino haberse manchado al tocar la querida madera, y abrió las puertas.
Su vista, como si se lo hubiera propuesto, descansó sobre aquella vieja caja de membrillo. La hojalata no lucía esplendorosa y presentaba un poco de óxido aquí y allá, pero era la caja que su madre le había dado para guardar los secretos infantiles. Todavía la tenía y seguro que algo guardaría la caja que destaparía, como si fuera la de Pandora, algunos males, pero seguro que muchos bienes.
La abrió con cuidado como si pudiera romperse por la fragilidad de una hojalata que, a la vista estaba, precisamente ese defecto o virtud, no entraba en sus características.
Lo primero que descubrió fue aquella medalla de cartón, de un amarillo macilento que en su momento quiso imitar o acercarse al oro y que alguien sin dinero, le había regalado hacía tantísimos años. Todavía llevaba también, la hermosa lazada hecha con cordel corriente. Era una espléndida manera de decir “te quiero”, sin asomo de la cursilada que representaba la medalla de joyería. Acarició aquel viejo cartón como si se lo estuvieran entregando en aquel momento. Y supo que en su mirada habría un deje de añoranza: “+ que ayer,” rezaba una de las caras, “- que mañana”, la otra. Y quizá fue así, en realidad, a lo largo de su matrimonio. Porque la persona que hizo aquella joya, se convirtió más tarde en su marido. Raúl hacía dos que había fallecido.
Encontró a continuación, un par de cartas de su marido, de aquel viaje que había tenido que realizar solo, porque ella, con los niños ya un poco crecidos, se había propuesto recuperar su pasión y había comenzado a dar clases. No las podía releer todavía, para ella, era pronto. Todavía dolía demasiado.
Sus hijos no entendían que siguiera tan aferrada a su recuerdo. No comprendían lo que habían llegado a significar uno para otro, ni todo lo vivido, bueno y malo.
- Eres muy joven mamá – le decía Pedro.
- Pedro tiene razón mamá, tienes que salir más – machacaba Andrés.
Y así cada vez que sus ocupaciones le permitían acercarse para pasar el día con ella.
Apretó los sobres contra su pecho, mientras seguía con la inspección. Sus dedos se toparon ahora con aquel sobre que solamente ponía “EVA”, con letras de imprenta hechas de recortes de grandes titulares de periódicos. Recordó al instante lo que contenía. ¿Cuánto tiempo hacía que no pensaba en ello?.


Se vió de pronto aquella nefasta mañana, con 30 años, los dos niños pequeños agarrados a su falda y mirando asombrada ese mismo sobrecillo, que era pequeño y muy blanco; lo había encontrado delante de la puerta de entrada, de aquel pequeño y frío piso, en el que habian habitado en sus primeros años.
Lo abrió y dentro una cuartilla que, también con letras recortadas de periódicos aunque un poco más pequeñas, rezaba: “TU MARIDO TE ENGAÑA”.
El corazón le dio un vuelco porque, de pronto, se encontró con una realidad a la que ella había cerrado la puerta. Y, a pesar de saber de saber muy bien que los anónimos suelen representar una venganza y quien hace uso de algo tan repugnante, quiere hacer daño, automáticamente supo que era cierto.
Fue como si alguien le hubiera dicho, “despierta de una vez, te lo vengo diciendo, ¿ves?”.
No quería recordar todo lo que siguió. Aunque, finalmente, la cordura y el amor que se tenían, terminaron triunfando. Raul la amaba, no tenía duda alguna, así que, terminó aceptando el hecho de que, la infidelidad quizá no fuera más que debilidad y que el amor era otra cosa.
Lo que quizá le había dolido más fue el engaño. Él tardó en reconocerlo, quiso hacer lo que todos, convencerla de que no era verdad. Y ella creía que eso sí que era traicionar su inteligencia.
Finalmente aquella bendita noche, mientras juntos velaban las altísimas fiebres del sarampión de Pedro y Andrés (ambos lo habían padecido juntos, con diferencia de horas), él, silenciosamente comenzó a llorar y, como en aquellas confesiones infantiles contó todo, vació su cabeza, su corazón y sus sentimientos, dejando únicamente entre ambos, allí, a los pies de aquellas pequeñas camas, el amor que sentía por ella y la pasión que, aunque pareciera otra cosa, seguía presente en su relación.
Más tarde ambos pasarían a llamar al sarampión de los niños: “la catarsis”. En principio Raúl había propuesto “el perdón”, pero ella le convenció. No se trataba de eso, ella no tenía que perdonar nada, acaso demostrar generosidad, algo que hacía sin excesivo esfuerzo. Simplemente era algo que él había hecho mal, como muchas otras cosas, incluso como ella, osea un grave error. Como cualquier otro, pero nada más.
Mientras, todo lo que aquel día salió de los labios de ambos, fue definitivo para fortalecer una relación que estaba casi en sus inicios y que, desde entonces, pasó a basarse en una total confianza y libertad. Libertad que cada uno de ellos se comprometieron a utilizar con mesura, sin dejar de compartir y primando el amor y el respeto que se tenían.
Ella misma (todavía sonreía al recordarlo), había estado a punto de algo así y sólo la “salvó” una llamada del instituto, porque Pedro se había roto una pierna.
Es más, creía que Raúl, por lo menos en aquel viaje en solitario, lo había vuelto a hacer.
Ya no importaba, ambos ahora sabían que su amor estaba por encima.
La catarsis les había salvado de separaciones dolorosas y de remordimientos obscenos. Ninguno deseaba otra cosa que aquella vida que estaban diseñando entre ambos y que pasaba por compartir amor, ternura, aficiones, intereses, sus hijos, las familias, creencias, todo, incluso las desavenencias que surgían, sobre todo, por cuestiones políticas. Tampoco les interesaba lo que pensaran los demás.
Y así continúa hoy, cuando Raúl ya no está y mientras mira sus tesoros; el primero de los cuales es aquella simple medalla de cartón.

6 comentarios:

Marisa dijo...

Un relato lleno de ternura
contado desde las vivencias
que despiertan pequeños objetos
que tuvieron su importancia en
la vida de las personas,demostrando
la generosidad de que se es
capaz cuando de verdad se
quiere.

Un abrazo muy fuerte.

RosaMaría dijo...

Simplemente precioso, una situación que a mí me resultaría difícil de disculpar, tal vez por exceso de orgullo o por falta de amor. En fin hermoso relato. Beso

Zoe dijo...

El amor triunfa cuando hay amor...y la generosidad no siempre es bien atendida y entendida...

Me recordaste con tu relato algunas cosas muyyyyy pasadas y otras _ creo que tú sabes- muy a Flor de piel. Lo bueno de Raúl es que supo no seguir engañando porque amaba a Eva. De las equivocaciones se aprende siempre - para bueno y para malo- lo peor preciosa es poder convivir con la confianza rota, eso mismo es lo que nos lleva a decir , cuando ocurrirá otra vez????? hasta cuando negará mi inteligencia negando???Preguntas sin respuesta o con el tiempo con la peor de las respuestas...El destino, el tiempo y ambas personas sabrán hacerlo?...
alguna vez pudo el amor con el egoismo?- claro está suponiendo que debajo de las capas de cebolla que nos envuelve cada vez más y más el corazón, una de ellas sea verdadero amor....hoy es tan fácil mentir creyendo que no se miente, se miente hasta en el mentir...

Creí en un amor que podía con todo, aún puede...pero no es frecuente hoy.

Los pequeños detalles, esos que no cuestan dinero ( los que cuestan y cuentan más), los que el tiempo puede amarillear, grabados en el fiero y frágil corazón. Tiempo y detalles.Hoy Aún quedarían para Eva???. somos nubes de paso...
No sigo que no termino....

Bicosssssss

José do Neto dijo...

Elocubrar

Esta sastra, con su máquina de coser manual, va viajando por las casas haciendo ropa a medida para que cada quien se cubra con el modelo que mejor le vaya. El problema siempre es el mismo. Los modelos que sirven para unos, le sientan mal a otros porque cada cuerpo tiene su propia figura y hasta en los tiros se puede notar que la caida del pantalón no vale para la generalidad.
Así que las infidelidades, aunque estén llenas de flores, puedan justificarse por un momento de debilidad. Siempre hay una primera vez que suele dar paso a una segunda y no hay dos sin tres. Zoe parece que ha pelado varias capas de su vestido de papel de cebolla y sigue con el pañuelo en la mano porque espera que, en cualquier momento, pueda pelar otra capa. Esto de la condición humana es complicado. ¿Y dónde están los límites? ¿Y por qué debe haber límites en el amor? El que no haya sentido más de una atracción por una persona, más allá de su pareja habitual, que tire la primera piedra. Y ese imán que atrae puede llegar a atraparte o puede servir para alejarte de su campo de atracción porque puede producir consecuencias funestas. ¿O es que en el mundo actual todo sirve? Ahora sí pero perdona que fue una debilidad. ¡¡Vaille dando!! Los idilios hay que alimentarlos, hay que regarlos para que perduren siempre hasta llegar la noche y, aunque en ocasiones te ortigues, hay que arrancar las hierbas malas que crecen por doquier y que ahogan a esas flores que adornan nuestro día a día. ¿Es difícil, verdad? Ya a Ulises tuvieron que atarlo al mástil de su barco por los cantos de sirenas aunque iba en busca de su amada Penélope. Si un héroe de tal calibre, lleno de principios, de valor, de honestidad... pudo caer, ¿que nos queda a los pedestres mortales de un mundo que pone en nuestras manos tantas y tantas ondinas y cupidos que brindan notas por doquier o están esperando con las flechas dispuestas? Vayamos a los datos reales: ¿cuál es la situación de la estabilidad de la vida en pareja en nuestro país? Perdona, cariño, fue un momento de debilidad. Saca la lata de membrillo San Lorenzo para recordar como nos endulzábamos la vida hasta que apareció un grumo que me atraganto. En vez de separarlo, me lo tragué y me atraganté pero ahor, como ya lo expulsé, sigamos con el menbrillo a ver si el nuevo grumo que “atope” puedo separarlo.
¡¡Cuántas chorradas he escrito!! Disculpe la audiencia. Estoy ¿demodé?

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

Es dificil definir "amor" pues sinceramente creo que muy pocas personas saben o han podido experimentar todo lo sublime que envuelve esta palabra. Si pudieramos comparar el amor con un cometa, creo que casi todos nos habríamos quedado en su busqueda, en uno de esos hilos tan largos y finos que componen su cola, pero muy pocos habrían llegado a su nucleo. Tu lo defines bien "catarsis", evolución donde se pasa a otro estadio donde lo físico tiene menos importancia al igual que los prejuicios. Ellos dieron este paso a otro nivel superior, el resto permaneceremos todavía - y tal vez por mucho tiempo - simplemente volando en la cola de este comenta.

Besos amiga y gracias por venir a mi casa. Paso poco por ella es verdad pero siempre me reconforta verte alli.

Bicos

Rosa Cáceres dijo...

Un relato de amor, traición, arepentimiento y perdón. El mismo tema que el de mi novela gallega.
Sin embargo, no sé si todos tendríamos furza para perdonar una infidelidad conyugal. El acuerdo de vivir cada uno su vida, conservando un espacio de convivencia común, es muy moderno, incluso conozco alguna pareja que lo practica. Yo, sencillamente, no podría.
La catarsis son los problemas de salud de los hijos, que son de ambos, su nexo de unión. Pero los hijos se hacen mayores y se independizan. Y entonces qué les queda ¿la catarsis de la vejez?